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Brasil elige hoy entre Lula y Bolsonaro en unas elecciones ajustadas

El presidente brasileño y el hijo de Jair Bolsonaro llegan prácticamente empatados a la segunda vuelta tras una campaña marcada por la polarización y las acusaciones de corrupción.

Fuente: 20 Minutos

25/10/2026

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Brasil afronta este domingo la segunda vuelta de unas elecciones trascendentales: 159 millones de personas están llamadas a las urnas para elegir entre dos proyectos políticos antagónicos: conceder un cuarto mandato al presidente Lula da Silva o devolver el poder al bolsonarismo de la mano del senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que cumple una pena de prisión bajo arresto domiciliario.


La cita en las urnas viene precedida de meses de enfrentamientos, acusaciones de corrupción y una primera vuelta en la que, contra todo pronóstico, Flávio Bolsonaro se impuso con el 47,03% de los votos, frente al 45,16% obtenido por Lula. La diferencia, de aproximadamente 2,2 millones de papeletas, contradijo la mayoría de los sondeos, que situaban al veterano presidente en cabeza.


Las encuestas sitúan ahora la batalla política por la presidencia de Brasil prácticamente en un empate técnico: el sondeo de Datafolha divulgado este jueves sitúa a ambos candidatos con el 50% de los votos válidos (excluyendo votos en blanco o nulos), dentro de un margen de error de dos puntos porcentuales. En intención de voto total, Bolsonaro obtiene el 47%, frente al 46% de Lula, mientras que un 5% declara que votará en blanco o nulo y un 2% permanece indeciso.


Esa distancia mínima en los sondeos anticipa que un número mínimo de votos podría acabar decidiendo unas elecciones claves para el futuro del país y que determinarán si Brasil se suma al giro de América Latina hacia la derecha o mantiene uno de los principales gobiernos progresistas de la región.


Brasil, ante el giro a la derecha de América Latina


El resultado de las elecciones brasileñas tendrá implicaciones a nivel internacional en una América Latina en la que el conservadurismo ha ganado peso en los últimos años.


Las victorias de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia han virado el rumbo político del continente, y una victoria de Bolsonaro culminaría ese giro a la derecha de toda la región. Además, un cambio de Gobierno podría acercar a Brasil a Estados Unidos y alinear al país con las políticas de la Administración Trump.


Por contra, la continuidad de Lula en el poder colocaría a Brasil como la gran potencia progresista de Latinoamérica, junto a México y Uruguay, resistiendo el giro ideológico de la mayor parte de sus vecinos. La victoria del presidente brasileño, además, significaría la continuidad de una política exterior ligada a los BRICS y a las relaciones con China, el principal socio comercial de Brasil.


El bolsonarismo resiste y Lula acusa el desgaste


El movimiento conservador iniciado por Jair Bolsonaro al alcanzar la presidencia de Brasil en 2018 ha recaído en manos de su hijo, el senador de 45 años Flávio Bolsonaro.


El 'bolsonarismo', lejos de desaparecer de la vida política brasileña tras la condena al expresidente por una trama golpista en 2022, ha mantenido su capacidad de movilización. Flávio Bolsonaro ha logrado movilizar y reunir gran parte del respaldo que su padre obtuvo en 2018, recibiendo además el respaldo de otros líderes derechistas eliminados en la primera vuelta.


En el extremo opuesto, Lula da Silva, de 80 años, aspira a prolongar su mandato: el histórico dirigente del Partido de los Trabajadores y presidente del país en dos etapas (2003-2010 y desde 2023) ha centrado su campaña en reivindicar las políticas sociales de su Gobierno y presentarse como una garantía de estabilidad frente a las aspiraciones de su rival.


Sin embargo, su gestión llega a las urnas con unos índices de valoración divididos. Según el último Datafolha, el 39% de los brasileños considera mala o muy mala la actuación del Ejecutivo, frente al 36% que la califica como buena o muy buena.


Una campaña marcada por las acusaciones y la polarización


La polarización política que atraviesa Brasil ha protagonizado la campaña electoral, en la que han estado presentes los ataques personales. Lula y Bolsonaro, de hecho, evitaron coincidir en debates cara a cara durante la primera vuelta y se enfrentaron en uno por primera vez el 18 de octubre.


En ese cara a cara se produjo uno de los principales enfrentamientos de la campaña, marcado por las interrupciones y las acusaciones cruzadas de corrupción: Lula exigió explicaciones a Bolsonaro sobre su relación con el banquero Daniel Vorcaro, implicado en un escándalo financiero. El senador contraatacó cuestionando al al presidente por las investigaciones que afectan a personas próximas a su hijo, Fábio Luís Lula da Silva.


Los reproches desembocaron en un desafío de Lula para que ambos candidatos hicieran públicas sus cuentas bancarias y sus comunicaciones telefónicas, una polémica que ha marcado la recta final de la campaña. La confrontación también alcanzó asuntos como la seguridad pública, la sanidad y las relaciones con Estados Unidos.


Los sondeos dan cuenta también de la polarización en la población midiendo el rechazo al adversario político: los sondeos de Datafolha señalan que el 46% de los votantes descarta apoyar bajo ninguna circunstancia a Flávio Bolsonaro, mientras que un 45% de los encuestados opta por lo propio hacia Lula.


La inseguridad, la economía y los desafíos del próximo Gobierno


Pese a que los reproches y las acusaciones han marcado gran parte del debate público, las encuestas muestran una creciente preocupación de la ciudadanía brasileña por la violencia y la inseguridad —citado por el 20% de los encuestados en un sondeo de Datafolha como el principal problema del país—, seguido de la sanidad y la economía.


Lula da Silva plantea reforzar la cooperación policial y perseguir al crimen organizado, mientras que Bolsonaro apuesta por endurecer la legislación penal contra individuos y organizaciones. En el plano económico, el presidente apuesta por impulsar las inversiones públicas y los programas sociales, mientras que el senador defiende una reducción drástica del gasto público. Brasil atraviesa una difícil situación económica marcada por la inflación — en el 4,8%— y el paro —una tasa del 5,4% de desempleo—, una situación a la que deberá hacer frente el próximo Ejecutivo.


Un nuevo Gobierno que, además, deberá lidiar con el nuevo escenario parlamentario: el Partido Liberal de Bolsonaro se convirtió, el 4 de octubre, en la primera fuerza de la Cámara de Diputados, con 121 de los 513 escaños, frente a los 70 obtenidos por el PT de Lula. También en el Senado, los conservadores han reforzado su presencia. Esa nueva aritmética parlamentaria, proclive a reformas conservadoras, podría obstaculizar un hipotético cuarto mandato de Lula si resulta vencedor de las elecciones.


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